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Buda ShakyamuniRenge: flor de lotoNichiren Daishonin

Materiales y Recursos del Budismo de Nichiren que ofrecemos a nuestros hermanos de todo el mundo desde la pequeña comunidad budista Nichiren Shu de Paraguay

 

Los Tres Refugios y la Triple Práctica

Todos buscamos ser felices, pero la verdadera felicidad es difícil de encontrar y aun más difícil de mantener. Demasiado seguido se frustran nuestros esfuerzos para encontrar satisfacción completa y perdurable, y frecuentemente nos preguntamos por qué no podemos ser el tipo de gente que quisiéramos ser y realizar nuestros sueños. Por supuesto, aún si tenemos éxito en encontrar felicidad y en mantenerla, inevitablemente llegará el día en que deberemos dejar todo debido a la vejez, la enfermedad o la muerte.

Hace 2.500 años un príncipe indio llamado Siddhartha Gautama reflexionó sobre estas cosas. El se dio cuenta de que la vida lujosa que había estado viviendo y la promesa de un gran poder terrenal no le ayudarían a encontrar la respuesta al problema de encontrar una felicidad real y perdurable, que pudiera romper con la barrera de la mortalidad. Para encontrar la respuesta a ese problema, él dejó el palacio y vivió como asceta durante seis años, en una vida de auto-negación orientada a descubrir la dicha eterna que su vida previa de auto-indulgencia no fue capaz de revelarle. Al final, encontró que la auto-negación, tanto como la auto-indulgencia, no fueron la respuesta. Él descubrió El Camino Medio que trasciende la dos, El Camino Medio de poner el ego a un costado y ver la vida claramente tal como es.

Una vez que Siddhartha Gautama se dio cuenta de la futilidad de la auto-indulgencia y la auto-negación, se sentó bajo un árbol pipal (un árbol que luego sería conocido como el Árbol de Buda – el Árbol del Despertar) determinado a no levantarse hasta haber visto por sí mismo la verdad acerca de la vida y de la muerte. Así, se sentó, y durante la noche revivió su vida, y con una mente refinada y fortalecida por sus pasados seis años de disciplina ascética y concentración yógica fue capaz hasta de rever todas sus vidas pasadas y las de otros. Él recorrió la telaraña de causa y efecto que conduce a la gente a crear sus destinos inconscientemente. Intentándolo aún más profundamente, se realizó a la naturaleza carente de yo de todas las cosas. Él vio que todos los seres, todos los fenómenos, surgen en acordancia con causas y condiciones. Todas las cosas son enlaces en una vasta y universal red de causas y efectos. Todo lo que existe, existe como una breve expresión de un proceso dinámico e interdependiente que es la verdadera realidad de todas las cosas. Esta vasta red de causación es como una inmensa telaraña que cubre el universo, y cada persona, cada animal, pez, insecto, planta, roca, nube o cualquier otra cosa se podría pensar como si fueran todas ellas gemas sostenidas en los puntos de unión de la telaraña – cada una reflejando el todo y cada una reflejada por el todo.

Después de alcanzar esta sabiduría, Siddhartha Gautama despertó del sueño de ser un yo-separado con todo su sufrimiento, vulnerabilidad e inevitable declinación. En ese momento se liberó, se despertó, se iluminó. Desde ese momento él fue El Buda, que significa “el que despertó.” Él también comenzó a ser llamado Shakyamuni, que significa “El Sabio del Clan Shakya”.

Al principio, el Buda Shakyamuni no estuvo seguro de que alguna vez podría ser capaz de compartir con otros la visión de la verdadera naturaleza de la vida a la que había despertado. Él sabía que las palabras nunca podrían hacerle justicia.

Afortunadamente para nosotros, el Buda tuvo la compasión y la habilidad para hacer el intento, usando las palabras para guiar a la gente más allá de las palabras. Al principio tuvo que explicar lo que había realizado en términos muy prácticos. Así, lo explicó en términos de la Originación Dependiente. Ésta es la idea de que todas las cosas se originan en dependencia de causas. En su simple y más abstracto significado, significa que si uno tiene una cosa, esa dará origen a otra, y sin la primera, uno no tendrá la segunda. Esta ley de causa y efecto esencialmente significa que todos cosechamos lo que sembramos. Si tiene semillas de manzanas, cosechará manzanas, si planta peras, obtendrá peras. Si no tiene semillas de manzanas, no puede hacer crecer manzanas. De la misma manera, nuestras vidas son como campos y si sembramos avaricia, odio e ignorancia – entonces cosecharemos todo tipo de pérdida, violencia y confusión. Por otro lado, si sembramos cuidado amoroso, compasión, dicha y paz – luego cosecharemos buena fortuna y felicidad. Por supuesto, la vida no es tan simple, y la ley de causa y efecto trabaja más allá del curso de una vida, de acuerdo al Buda Shakyamuni.

La verdad subyacente es que la vida está hecha de causas y sus correspondientes efectos, así que debemos reconocer esto y trabajar con ello en lugar de ignorarlo y seguir cavilando acerca de nuestro propio sufrimiento.

Esa fue una nueva forma de pensamiento para mucha gente. Aún hoy, la gente tiende a pensar que la vida es al azar y sin significado o controlada por las fuerzas impersonales del destino o por un Dios personal e inescrutable. En oposición a esas ideas, el Buda pensó que nosotros mismos creamos nuestra propia felicidad o miseria a través de las causas que hemos realizado. El Buda pensó, “Si usted quiere saber qué hizo en el pasado, observe las condiciones de su presente vida; y si usted quiere saber cómo terminará en el futuro, observe qué está haciendo en el presente.”

Las Cuatro Nobles Verdades del Buda fueron una aplicación específica de esta ley, que él enseñó para ayudarle a la gente a entender que tenían que  liberarse de las cadenas de causas y efectos forjadas en la ignorancia de esta ley.

La primera noble verdad es que la vida está llena de sufrimiento – porque raramente obtenemos lo que deseamos e inevitablemente perdemos lo que logramos.

La segunda noble verdad es que el sufrimiento es el efecto de apegarnos a lo que no podemos tener y de la ignorancia que impide que veamos eso.

La tercera noble verdad es que el sufrimiento puede cesar. Esta es la liberación conocida en budismo como Nirvana. Específicamente se refiere a la extinción de las llamas de la avaricia, el odio y la ignorancia… y del sufrimiento que ellas causan.

La cuarta noble verdad es el óctuple sendero que es la causa que conduce a la liberación del sufrimiento.

El óctuple sendero consiste en formas de ver correctas, intenciones correctas, palabras correctas, acciones correctas, hábitos correctos, esfuerzos correctos, mentalidad correcta y concentración correcta.

No entraremos en cada uno; para simplificar las cosas lo explicaremos en términos de la triple práctica: disciplina, meditación y sabiduría.

Disciplina significa que evitaremos matar, robar, tener conductas sexuales inadecuadas, mentir, usar lenguaje abusivo, usar palabras que dividan, y aquellas formas de vida que dependan de esas cosas.  En lugar de ello intertaremos asistir a otros y tratarlos con amor y cordialidad. Meditacion significa que debemos controlar no sólo nuestras acciones sino también nuestra mentes. En lugar de una mente distraída, o una mente rígida y cerrada, debemos cultivar una mente fuerte, abierta y generosa, capaz de concentrarse en qué está sucediendo alrededor de nosotros y dentro de nosotros, a fin de discernir la verdad de la falsedad. Finalmente, a través de cultivar auto-disciplina y meditación, somos capaces de ver la verdad acerca de la vida. Somos capaces de ver que el yo impermanente y aquellas cosas fuera del sí-mismo que son igualmente impermanentes, son incapaces de darnos una satisfacción perdurable. A través de la sabiduría somos capaces de ganar la perspectiva que necesitamos para dejar ir nuestra falsa dependencia del yo y del mundo. En hacer esto hay liberación, libertad, y dicha. Al hacer esto somos capaces de ingresar en una nueva relación con nosotros mismos que no está cargada de falsas expectativas sino que, en lugar de ello, está caracterizada por creatividad, compasión, y una entrega no egoísta de uno mismo a toda la vida. Esta práctica triple, que es el óctuple sendero, es el camino en el cual podemos vivir de acuerdo con la ley de causa y efecto evitando realizar malas causas, realizando buenas causas y purificando nuestras mentes.

Desde la época en que el Buda Shakyamuni enseñó la originación dependiente y las cuatro nobles verdades, aquellos que han sido inspirados por la sabiduría y la practicidad de estas enseñanzas han mostrado su confianza y voluntad en seguir la práctica triple mediante su toma del triple refugio. El triple refugio consiste en abrazar al Buda, al Dharma y a la Sangha como los tres tesoros que pueden habilitarnos a liberarnos del sufrimiento y a encontrar felicidad real para nosotros y los demás.

Al tomar refugio en el Buda, estamos afirmando que es absolutamente posible para un ser humano despertar a la verdad acerca de la vida y encontrar felicidad real, y que si el Buda Shakyamuni fue capaz de hacerlo, también nosotros podemos.

Al tomar refugio en el Dharma (la Ley, en este caso se refiere a la enseñanza sobre ella) estamos afirmando que aquello que el Buda enseñó está basado en su vivencia directa de la verdad y que ello nos permitirá también a nosotros ver esa verdad.

Al tomar refugio en la Sangha (la comunidad que sostiene la enseñanza del Buda) estamos afirmando que esas enseñanzas ha sido pasadas a nosotros como parte de una tradición viviente que ha sostenido y vivido estas enseñanzas y que ahora nosotros mismos podemos ser parte de esa tradición viviente.

Es nuestra intención compartir los tres tesoros con otros y ayudar a todos los que deseen seguir la triple práctica. Lo que hemos hablado es común a todos los budistas, pero el Budismo de Nichiren específicamente confía en la final y más importante enseñanza del Buda tal como es enseñada en el Sutra del Loto y fue pasada a nosotros y ejemplificada por Nichiren Shonin, un monje y reformador religioso del siglo 13 en Japón. El Sutra del Loto enseña dos muy importantes cosas, en las cuales podemos confiar mientras seguimos las enseñanzas del Buda.

La primera es que toda la gente (en realidad todos los seres, pero eso es otro tema) cualesquiera sean sus capacidades o antecedentes, tiene la naturaleza de Buda en sí mismas. En otras palabras, toda la gente tiene la habilidad de despertar a la verdad y lograr la liberación yal como lo hizo el Buda. La segunda es que la vida iluminada del Buda no está confinada al pasado, sino que es una parte integral de la realidad en sí misma sin importar el tiempo y el lugar. La iluminación del Buda es también nuestra propia iluminación, y cuando las barreras de la auto-consciencia y las dudas sean derribadas, realizaremos que la Budeidad trasciende el nacimiento y la muerte, el yo y el otro. Ella es la realidad no-dual de la dinámica e interdependiente naturaleza de todas las cosas a la que se despertó el Buda Shakyamuni mientras estaba sentado bajo el árbol pipal. En el Budismo de Nichiren, nos damos cuenta de que esta sabiduría no es el producto de una especulación intelectual, o de un perfeccionamiento moral, o de ningún acto de auto-sacrificio. Esto surge simplemente a través de la fe. No fe como creencia ciega, sino fe como confianza en la verdadera naturaleza de la realidad – confianza en que lo que el Buda enseñó en el Sutra del Loto es verdadero y que su despertar es también nuestro propio despertar a nuestra propia verdadera naturaleza. Por eso es que cantamos Namu Myoho Renge Kyo – “Tomo refugio en la Ley Maravillosa de la Enseñanza de la Flor del Loto”. Esta simple pero profunda frase es una expresión del despertar en nuestras vidas, que nos permite verdaderamente realizar la grandeza de los tres tesoros y llevar adelante la práctica triple – no con el objeto del despertar, sino para expresar un despertar que ya es la más profunda pero hasta ahora irreconocida verdad de nuestras vidas.

De un artículo del Rev. Ryuei McCormick .

Traducción: Shami Yoryu de Alzáa
http://www.nsparaguay.org

 

Paz y felicidad
Gracias por visitarnos. Gasshô. Yoryu de Alzáa y Nico.

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